
En muchos momentos la pareja decide romper con una relación de muchos años, la mujer alega no tener la culpa pues el hombre le fue infiel, el hombre alega que la mujer no lo atendia bien, alguno de los dos reclama que la pareja no le brindaba el tiempo que ella o él merecía, ¿Quién es el responsable de que las parejas decidan terminar con una relación?
2 comentarios:
Para que exista una relación deben haber dos partes involucradas, lo que significa que ambos son responsables de lo que suceda, es decir ambos miembros deben poner de su parte para solucionar los problemas antes de pensar en la división, si bien es cierto el hombre es la cabeza del hogar, esto no significa que la mujer debe ser su esclava. Mi opinión personal es ambos son culpables, no solo el que comete la falta, sino también el que no puede perdonar y volver a empezar.
Creo que el primer personaje interesado en dividir a las parejas y por ende, destruir los hogares es Satanàs, pues la Biblia nos enseña que él (satanàs) vino para matar, hurtar y destruir, significa entonces que éste personaje es especialista en destrucciòn de hogares, pues éstos son el nùcleo de la sociedad.
Tomando lo anterior como premisa,debemos ser conscientes de que los problemas en las parejas siempre se darán, Dios nos ha dado sabidurìa para reconocer los problemas y buscar la soluciòn con su ayuda, significa entonces que no importa cuàl es tu problema con tu pareja pues con la ayuda de Dios todo es posible.
Sin embargo a veces un gran problema surge de cosas que al principio son tonterìas y que tal vez se solucionsçen con tener una buena comunicaciòn con nuestro cònyuge, compartir tiempo con el o ella, ser detallista, conocer sus gustos, ser su amigo o amiga, en fin puede ser tan sencillo. Ahora bien, tenemos que poner de nuestra parte y reconocer què estamos haciendo mal, para hacer la correcciòn pertinente y no permitir que se divida un hogar y que Satanàs se salga con la suyas. Si Dios te da una pareja, cuidala, amala, comuníquense, comparte con ella, perdona y pide perdòn, y haszla feliz; los malos entendidos siempre se van a dar, pero a tiempo no llegan a mayores.
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